lunes, enero 31, 2005

[columna 12] Mas alto, más rápido, mas buena, más mejor… La insatisfacción.

Dicen por ahí que el ser humano es insatisfecho por naturaleza, y efectivamente a diario nos sentimos insatisfechos con nuestro cuerpo, con nuestro trabajo, con nuestra pareja, porque existe en nosotros la constante idea de que siempre hay algo mejor en alguna parte.

Perdidos entre nuestra capacidad de aprendizaje, la comodidad y los bienes de consumo, hemos aprendido que la insatisfacción es un impulso valioso que nos obliga a seguir buscando cosas nuevas con que llenar ese hueco que como especie cargamos en el alma. Siempre habrá otra meta u otro objetivo por alcanzar: ser más fuerte, llegar más alto e ir más rápido, tener más dinero, ser más exitoso, poseer más cosas. Pero todo esto se reduce a una sola búsqueda de algo tan abstracto que resulta indefinido y muy difícil de transcribir. La felicidad.

La insatisfacción bien vista es el motor creativo del desarrollo, y nos obliga a no estancarnos en la mediocridad o en la aburrición de la rutina. Ya hasta nuestro querido Vicente Fox lo dijo, todo mundo quiere más, es natural, si no tienes tierra, la pides, si no después pides la casa, y la carretera y así se repite la historia en una serie de peticiones que el día que se cumplan harán que lloremos de alegría.

Sin embargo, si la felicidad fueran todas y cada una de esas metas que nos fijamos, entonces resultaría que con irlas alcanzando poco a poco iríamos siendo felices de manera incremental y constante, y eso en realidad no refleja esta búsqueda individual o colectiva, donde los baches emocionales aparecen en cualquier momento, y la no-felicidad se nos hace tan patente como un hueco que debemos llenar a como de lugar.

Debido a esta búsqueda por tapar el hoyo, muchos pensadores han encontrado que las respuestas son de tipo tan variado que las han convertido en ciencias y conocimiento alrededor del tema. Esta búsqueda constante ha permeado casi todo el conocimiento generado dando paso a que el hombre se busque a si mismo en la psicología y la filosofía; a sus semejantes en la sociología y la historia; a sus orígenes en la antropología y la astronomía; y a la última realidad a través de la metafísica o el arte. Demasiado conocimiento para acumularlo en una sola vida. La ignorancia es una bendición.

La felicidad al igual que la huella dactilar, podría ser una representación de condiciones únicas que se tendrían que dar en la vida para que efectivamente cada uno de nosotros nos sintiéramos felices. Sin embargo, ¿que es ser feliz?

Todos los impulsos compulsivos por buscar la felicidad, disparan en el cerebro descargas hormonales que por momentos nos otorgan ese instante de alegría que se disipa rápidamente cuando pasa la novedad. Comprar, comer chocolate, aventarse en el bunggie, irse lo más lejos posible, cambiarse de religión o de sexo, en fin. Una búsqueda tan inconsciente que siempre dirige nuestras acciones hacia la ansiada felicidad.

Una cantidad ingente de cursos y libros de motivación y de superación personal, aprovechan esta búsqueda innata y nos otorgan recetas, escapes y vivencias que también podremos acumular dentro de nuestro repertorio de salvavidas emocionales. Descubrimos al menos que no estamos solos en esta búsqueda frenética por ser feliz. Y aunque la conclusión de casi todos estos escritos y seminarios podría resumirse en vivir en armonía contigo para después vivir en armonía con el mundo. Casi ninguno de nosotros llegamos a entender completamente lo que significa vivir en armonía, así que lo único que sucede es que agregamos una duda más al acervo de la búsqueda constante.

Una pregunta tan sencilla como ¿Qué quieres para ser feliz? Puede generar muchas discusiones y horas de reflexión. Ya que nuestra tendencia a ligar la felicidad a las cosas que poseemos y a los objetivos que alcanzaremos o que hemos alcanzado, hace que siempre nos sintamos infelices porque siempre habrá algo más que alcanzar, que esta más alto, esta más lejos o parece imposible.

Pero y si no existiera eso llamado felicidad. Si la felicidad fuera una estado tan primitivo que estuviera tan al alcance que no lo creyéramos tan simple. Si la naturaleza nos hubiera quitado la capacidad de ser felices a cambio de la capacidad de razonar y por ende todas nuestras búsquedas fueran inútiles.

Esta sola duda me acecha constantemente.

Comentarios, caritas alegres, sugerencias o mentadas a:
dicho_al_lecho@yahoo.com.mx


[Sugerencias Bibliográficas]
• Un mundo feliz

Aldous Huxley
Editorial Porrua
ISBN: 9700740846

•A General Theory of love
Thomas Lewis, Fari Amini y Richard Lannon
Vintage publisher
ISBN: 0375709223

[Sugerencias Cinematográficas]
• Happiness
de Todd Solondz
con Jane Adams II y Jon Lovitz
Alameda Films



3 comentarios:

Alma de Cantaro dijo...

"...Si la naturaleza nos hubiera quitado la capacidad de ser felices a cambio de la capacidad de razonar y por ende todas nuestras búsquedas fueran inútiles..."
Caray, suena como una condena divina dedicada al hombre, extraida del libro de las Metamorfosis. Os envio un saludo sucesor de Ovidio.

Oscar Gabriel Campos dijo...

A mi se me hace que la felicidad tiene dos puertas: la que lleva a una sala comodísima, con tele y música agradable; y la que lleva a una tienda de campaña en medio de un bosque lleo de lobos.

Raquel dijo...

Yo creo, Pepo, que la felicidad es un estado mental.
Por ahi lei tambien que es tener
Algo que amar
Algo que hacer
Y algo que anhelar...
Por eso las metas y ambiciones vienen al caso aunque alcanzarlas no nos haga "felices" Saludos!